PENSAMIENTOS AL AIRE

16.9.07

En un borde me sente y mire el atardecer caer...

Me senté en el borde de un muro a ver como pasaba la tarde, con la sombra de un árbol la frescura de la brisa se hacia cada vez mas deliciosa. Veía un futuro no muy lejano mientras los últimos rayos de sol daban en el horizonte un sabor a calmo. Me acompañaba una melodía misteriosa de origen italiana, hasta eso el cielo ya se pintaba de azul.

Con la brevedad que es la vida aquella tarde la disfrute en un pequeño sorbo de necesidad, no importaba ni deberes, ni problemas, ni ilusiones, ni alegrías, ni nada. Y continuaba la melodía llenando en esa parte amarga que llevo, como esponja sin límites de deseos.

Seguía sentado en aquel muro y ahora observando la inmensidad del espacio adornado de sus lucecitas palpitantes como si fuesen latidos de un recién nacido. Las virtudes del entendimiento no podrán nunca explicar lo que en ese momento, lo en ese momento sucedió así de fácil como se oculta el sol en cada ocaso del día.

Me levante y continué hasta que termine el muro como algún día se terminara mi vida, pero al cruzar la calle encontré un portón grande donde sin pensarlo me senté de nuevo y ahora a esperar el alba desde ese frío no solo de afuera sino también de adentro.

Robin Ronquillo

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10.9.07

Romance de antes


Su nombre era Macarena, aunque no ha muerto por que existe en alguna parte de las grandes calles de Santiago, perdí su rastro y con ello se esfumaron las ilusiones y las noches de desvelo.
En aquellas calles de Santiago por donde la tarde se hacia roja y el frió se impregnaba en los huesos como para romperlos. Se remonta varios recuerdos como estos; la tarde roja, el frió intenso, la cordillera nevada, Don Justo De León recitando “romance sonámbulo”, y Macarena en algún lugar pensando no precisamente en mí, sino quizá en sus sueños.

Verde que te quiero verde,

verde viento, verde ramas….



ROMANCE SONÁMBULO

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.
*
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá?
¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

*
Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los montes de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
dejadme subir, dejadme,
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.
*
Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

*
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está mi niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

*
Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche su puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos,
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña


el barco sobre la mar y

el caballo en la montaña...


Federico García Lorca

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7.9.07

Solo cierro el teléfono y sigo en las actividades del momento...


Si vas a comprarme con simples gestos, y obligarme a respetarte con solo esos gestos prefiero ser un pobre mendigo para quererte con sinceridad y poder tener el derecho de decirte lo que creo.

Si quieres darme algo, dalo con la sinceridad del caso y no como comprando un mono que maltrates al antojo del día y del momento, no te creas superior porque no lo eres, tienes los mismos defectos de todos pero los sabes esconder en la discreción de tu silencio.

Recuerda que te admiro y que nunca he dejado ni dejare de apreciarte como si fueras un buen amigo, pero si tu crees que ese destino no ha sido, te equivocas al juzgar el grito de un momento con la confusión de otra confusión.

Espero equivocarme al pensar que quieres comprarme o peor aun que me tienes comprado, porque no soy de nadie, pero fiel a los que me quieren en este instante de la eternidad.

No es el que grita mas el que tiene el control, sino el que calla y entiende a los demas.

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2.9.07

sin nado no hay hecho...

Es increíble que a pocas horas encuentras la desolación de personas victimas de sus propias desdichas, y pensar que venía de un mundo llenas de ideas, de ilusiones, de hechos buenos, y que ahora encuentro un malestar al tratar de compartir con aquellos que no pueden hacerlo.

Muy posiblemente pase mañana y me incorpore de nuevo a toda es mundo que en si no es tan malo como se pinta, pero primero hoy tendré que sumergirme en aquel océano para nadar y llegar muy pronto al otro mundo que me gusta tanto.

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